Lo recuerdo con claridad, como debe de ser dirían la mayoría, pero no es fácil para mi recordar a veces si quiera como atarme los zapatos.
Era de noche a esa hora en las que se apagan las luces de Navidad
como diciendo que esa energía hace falta en otro lado para dar calor o encender otras otras luces. Era la hora en las que uno de nuestra generación se iba a casa, la misma a la que hoy salimos en lugar de la que entramos. Estaba solo, o casi, y sin apenas miedo sin apenas entenderlo, decidi no volver igual a casa.
Y es que el tiempo pasando ha hecho muchas cosas: sillas del ikea, velas robadas, cenas caseras, brownie pasado, masajes a las 6 de la mañana, borracheras aún incomprendidas, sorpresas que valen mas la caja que el contenido, teterías improvisadas ya sea en casa o en el extranjero, las flores, perderse en coche, cerrar el metro antes de encontranos, vuelos a los que llegamos tarde… pero todo me sabe a poco. Y con todo el tiempo he aprendido que todo lo pasado no lleva hasta hoy.
Y hoy, aunque con abolladuras, parece que todo es muy como el primer día tanto que desconocidos piensan que 1 o 2 pero son 7, y solo en esos momentos no puedo evitar mirarnos y preguntarme si sentiran envidia al oirnos la verdad.

Y nos queda mucho por andar, seguro que al menos toda la vuelta a lo hecho…
Ah, felicidades que son solo siete años juntos…


